¿Cuáles son los fallos de nuestra educación?

Ya comenté en la entrada del otro día las razones por las que pensaba que la educación actual nos está volviendo más estúpidos, con dos vídeos que recomiendo ver si no los has visto. Pero no señalé específicamente cuáles son los fallos concretos que nos llevan a deseducar más que educar, a adiestrar más que enseñar, y a fomentar habilidades muy diferentes del pensamiento crítico, curiosidad, evolución y desarrollo mental… etc.

Quiero dedicar este artículo a señalar los fallos más comunes que he observado a lo largo de mi trayectoria académica y la de otras personas con las que he hablado del tema. Como bien señalaba Ken Robinson en “Changing education paradigms“, el sistema educativo actual fue diseñado durante la Revolución Industrial. Un contexto cultural y económico diferente al actual, que suponía no sólo que la educación más allá de leer, escribir y sumar debía ser algo exclusivo de las clases altas, sino que tampoco le daba la importancia suficiente a la inversión en tiempo y dinero en la misma, lo que creó el sistema de clases de decenas de alumnos por profesor, horarios reglados, temas estandarizados…

¿Cuáles son, entonces, los fallos que aún arrastramos a pesar de tanta y tanta reforma educativa? Al menos en España, y en muchas otras partes del mundo (yo diría que prácticamente en todas partes), tenemos una serie de errores de concepto claros y evidentes para el que entienda la educación como un desarrollo personal, cultural y científico de la persona, y no una simple formación de trabajadores productivos del sistema económico:

  • Como bien explicó Noam Chomsky en el vídeo de la entrada que menciono al principio, el sistema de exámenes con notas o calificación escolar (de 0 a 10 en España, de 1 a 20 en Francia, de 0 a 100 en Reino Unido y Japón, del 1 al 6 en Alemania, de la A a la F en Estados Unidos…) no es una prueba en absoluto de la capacidad del alumno para comprender, sino sólo para superar el obstáculo que supone aprobar el examen. Muchas veces (honrosas excepciones aparte), supone solamente la capacidad de memorizar las respuestas del examen. Recuerdo perfectamente tanto de mi etapa como estudiante de colegio e instituto, como de la universidad, que los alumnos preguntaban al profesor qué temas iban a entrar, se intercambiaban posibles preguntas y respuestas que pudieran
    salir en el examen… y todo consistía en memorizarlas para reproducirlas lo más fielmente posible; a veces incluso dejándolo para los días antes del examen. Y por supuesto, gran parte de los estudiantes ni se acuerdan a los pocos días de realizado el mismo, incluso aunque sacasen una buena nota. Me sentía frustrado muchas veces cuando quería debatir sobre los exámenes con mis compañeros, porque muchos de ellos no recordaban, o no tenían el menor interés en hacerlo, o me instaban a estudiármelo si quería saber la respuesta. Había mucha competitividad arrastrada del diseño mismo de la sociedad monetaria en la que vivimos. Además, prácticamente ningún profesor explica o justifica en los mismos exámenes las notas que pone, especialmente si son de tipo test. Para ello, tenías las tutorías a las que prácticamente nadie iba.
  • Otra consecuencia del sistema de exámenes es que todos los alumnos reciben exactamente el mismo, para poder equilibrar las notas entre todos. No se da pie a creatividad ni por parte del profesor ni por parte del alumno. Incluso entre curso y curso solían usar el mismo examen o al menos el mismo diseño, cambiando solamente las preguntas (para evitar la picaresca). Y si no aprueban suficientes personas el examen, en vez de enseñar mejor para la próxima, lo que se suele hacer es bajar el nivel del mismo (muchas veces para cumplir los objetivos curriculares legales, o simplemente para conservar su sueldo).
  • Las tutorías, como he mencionado antes, tienen un objetivo claro y obvio, pero prácticamente ningún alumno las suele solicitar. Quizás una o dos veces por curso, y normalmente para quejarse de notas numéricas con las que no está de acuerdo. Es muy raro ver a un alumno acercarse al profesor diciendo “No he entendido bien este tema, ¿me lo puedes explicar mejor?
  • En el colegio, al menos en mis tiempos, los castigos ante un mal comportamiento en el colegio (EGB, ESO, primaria) solían consistir en dejarte de cara a la pared, o en la última fila del aula (donde a veces había mesas vacías); o mandarte con tu tutor correspondiente, que normalmente daba clases en otra aula (y por supuesto ni siquiera te exigía atenderla, lo cual casi nadie hacía por motu propio; una simple pérdida de tiempo); a un aula especial con un profesor que no esté dando clase, que normalmente se pasa el rato leyendo un libro y vigilando que no hablen y hagan tareas o ejercicios en completo silencio y pulcritud; una expulsión del colegio (con el consiguiente retraso educativo); enviarte con el director que probablemente a lo más que llegaba era a un sermón que nunca escuchaban (y no porque fuese especialmente instructivo, aunque depende de cada profesional); o exigirte la
    repetición de frases, ejercicios o palabras un sinnúmero de veces
    , para memorizarlo adecuadamente o simplemente para crearte un estrés que te “motive” a no repetir el comportamiento inadecuado…; etc. Como es obvio, ninguna de estas técnicas educativas son efectivas, y más que educar vuelve al alumno poco receptivo a la escuela, haciendo que la odie.
  • El tema de los horarios es muy delicado, puesto que se requiere un cierto orden para coordinar tanta gente (el conductor del autobús, los profesores, los demás alumnos, el portero de la escuela, el del bar de los desayunos,… etc.), pero adiestra a los alumnos para una sociedad estricta en cuanto a puntualidad, horarios, ritmos diarios artificiosos… que en realidad es una herencia del diseño de las escuelas procedente de la Revolución Industrial, muy similar al de las grandes fábricas e industrias de entonces. Como el timbre del recreo a media mañana, que marca el descanso de los trabajadores y alumnos para la pausa del bocadillo, y cierta socialización. Cada persona tiene un ritmo circadiano diferente. Y está demostrado que hay personas que rinden más en
    horario nocturno que en diurno
    , y viceversa, lo que se conoce como cronotipo. No adaptarse a las individualidades de la persona, y tratar de uniformizar forzosamente, lo único que provoca es una bajada de rendimiento, frustración, estrés y asociar la escuela o el trabajo a una obligación más que a un placer.
  • La presencia de comercios, marcas, bancos y negocios en el interior de colegios y universidades. No es más que un intento de las empresas por condicionarnos, habituarnos y “entrenarnos” para la sociedad competitiva y de consumo. Bares en el interior de institutos para comprar café y bocadillos, como ocurre en la mayoría de edificios de empresas; bancos negociando con universidades para que el carnet de estudiante incorpore su marca a cambio de acuerdos económicos y publicitarios… Incluso hay quien ofrece abrirse una cuenta corriente con ellos para obtener ventajas especiales con dicho carnet (y además le dan el presuntuoso nombre de “tarjeta inteligente“). Además, la presencia constante de la marca en las actividades escolares y universitarias, e incluso un banco en la misma puerta de entrada a la facultad, consigue penetrar en las mentes de los jóvenes de una manera que difícilmente podrían conseguir de otra forma. Por otra parte,
    las instituciones educativas van dependiendo económicamente cada vez más de dichos patrocinios, ya que si se retiran muchas actividades no podrían tener lugar por falta de financiación.
  • Grandes aulas y masificación, que dificulta la comunicación profesor-alumno. Ya sea por el ruido, o la gran distancia entre el profesor y las últimas mesas (algo patente sobre todo en las universidades); o por la necesidad de comunicar los mismos conceptos a gran número de personas de diferente inteligencia, personalidad, ritmo de estudio,… etc.
  • La escasa exigencia curricular a los profesores que, por el estrés, los bajos sueldos y la falta de medios, se ciñen a enseñar el temario reglado desde el gobierno,…; como bien dice Walter Levin, aburrir en clase debería ser un crimen. Pero claro, depende muchísimo de la calidad, entusiasmo y motivación del profesor y de los alumnos, los cuales acaban aburriéndose por muchas razones. La repetitividad constante año tras año por parte del profesor de los mismos temarios, la educación orientada a superar obstáculos y memorización en vez de a educación y comprensión. Hay un movimiento de alumnos que trata de difundir la opinión de los propios alumnos del sistema educativo que muestra muy bien este aspecto, en este vídeo, y esta página. Como bien dicen, es un
    problema no de los propios alumnos o profesores, sino del diseño educativo en sí, muy mejorable, y la falta de medios económicos y humanos. No es razonable aumentar el ratio de alumnos por clase por ahorrar dinero, porque a la larga produce un mayor fracaso escolar, mayor aburrimiento, menos motivación y peor quehacer real a la hora de poner en práctica los conocimientos aprendidos en un trabajo.
  • La separación por edades y por cursos académicos reglados y estandarizados. Al adaptarse el ritmo y nivel educativo al nivel más bajo posible para que todos los alumnos tengan las mismas posibilidades de superar el curso, los que podrían adquirir conocimiento más rápido se aburren y se frustran, provocando fracaso académico en aquellas personas que encima podrían haber superado dos o más cursos en un solo año sin apenas dificultad. Por el otro extremo, quienes por su nivel de inteligencia o situación personal (una persona deprimida o con problemas personales suele bajar mucho su rendimiento, como me ha llegado a ocurrir en alguna ocasión) no consiguen adaptarse al ritmo demasiado exigente para ellos, también acaba en frustración y desadaptación social y curricular. Incluso en la Universidad, donde antes podías escoger las asignaturas en función de tus capacidades personales, y tu propio ritmo, con el Plan Bolonia actual te obligan a matricularte obligatoriamente de las
    asignaturas que anteriormente no aprobaste, en vez de permitirte dejarlas para más adelante, en un curso posterior, cuando estés mejor preparado.
  • En Reino Unido ahora se está poniendo de moda entre los “expertos” (por llamarlos de alguna forma) y los profesores el impedir que los alumnos tengan mejores amigos, para “evitar su sufrimiento a la hora de la separación“. Esto es cruel en sí mismo, y convierte a los niños en meros autómatas que van a la escuela a adquirir unos conocimientos reglados y nada más, sin permitirles desarrollarse como personas humanas sociables, colaboradoras, y queridas o incluso amadas entre sí. Todos recordamos alguna vez lo difícil que era mantener cierto tipo de relaciones íntimas en el colegio, que por la “edad” o por las circunstancias escolares se veía mal o incluso prohibido por parte del profesorado o los demás profesionales de las instituciones educativas. Esto es aún más patente en
    lugares como EEUU y Reino Unido, donde en algunas escuelas incluso prohíben abrazarse a los alumnos entre sí, y otro tipo de contactos físicos íntimos.
  • La separación por asignaturas temáticas, que provoca una limitación mental a la hora de adaptarse a cada clase. No motivan la asociación de ideas, el pensamiento lateral, la interrelación entre los muchos aspectos de la vida y el universo. Como si cada vez que comienza el horario de cada asignatura, los alumnos tuvieran que ejecutar un “software mental” diferente cada vez, sin relación o comunicación alguna entre ellos. Esto robotiza la inteligencia, nos hace convertirnos en meros aprobadores de temáticas, en vez de verdaderos conocedores del medio ambiente, el planeta como un todo, y los seres humanos como una única especie interrelacionada en todas sus facetas.
  • La separación por sexos aún vigente en muchos lugares del mundo, escuelas privadas o concertadas… etc. De hecho estoy en contra incluso de la separación por sexos en los vestuarios, baños, y demás lugares de intimidad y aseo, porque nos diferencia como personas, a pesar de que las instalaciones en gran parte son exactamente las mismas. La única particularidad que conozco son los urinarios, que son perfectamente compatibles con los retretes con puerta, como se puede ver en cualquier lugar (Si no, ¿cómo cagaríamos?). Ya nos van adiestrando en el sentimiento de vergüenza de ver nuestros cuerpos (aunque desde luego en un baño público yo jamás he visto un pene que no sea el mío). Incluso en las duchas, el hecho de separarnos nos va creando un sentimiento aberrante de indecencia y humillación a la hora de vernos desnudos, desde muy pequeños.
  • La progresiva mercantilización de la educación, que cada vez más, está diseñada para servir a las empresas y no a las personas. El Plan Bolonia, los patrocinios, la política diseñando el sistema educativo, etc… Al final el sistema educativo se diseña para preparar trabajadores obedientes, productivos y especialistas, y no ciudadanos críticos, inteligentes, imaginativos y generalistas.

Podría entrar más en detalle sobre algunos de los puntos, pero creo que es suficiente para darse cuenta de que el sistema educativo en sí necesita un urgente y profundo rediseño de raíz, y no sólo una inútil reforma que, además, casi siempre se aplica en beneficio político o empresarial y casi nunca en el del propio ciudadano; buscando votos, ganancias y ahorro en vez de usar el método científico para mostrar la mejor verdad posible independientemente de opiniones e ideologías. Pocas personas tienen un grato recuerdo de la etapa escolar en sí, solamente de las amistades y aventuras extraescolares, y casi nadie va con placer a clase cada mañana, lo cual es el síntoma más claro de que esto no está funcionando. Dejo un enlace y un vídeo para finalizar, y espero que dejéis vuestros comentarios con otros fallos que hayáis apreciado en
la educación que habéis recibido a lo largo de vuestra vida.

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